La A.P.M. ha realizado la publicación
del presente documento con el fin de reunir en un pequeño
cuadernillo los datos esenciales para dar a Conocer nuestra
reciente historia, nuestros ideales y la organización
que los sirve. Se trata de un trabajo riguroso, magníficamente
realizado por el Gabinete de Medios de Comunicación Social,
en el que ha colaborado todo un plantel de entusiastas
redactores bajo la dirección de JOSE MANUEL MAZA y que
ha sido posible que vea la luz con una presentación más
que decorosa, gracias a la generosidad de IBERBROK y WINTERTHUR.
De nuestra historia hablan las personas
que han sido sus protagonistas, con un testimonio sincero.
Entre ellos, merece especial gratitud quien ha sido su
personaje central, JOSE GABALDON, tantos años nuestro
dirigente de la Asociación y de por vida Presidente Honorario
como reconocimiento a su entrega, dedicación y servicio.
Era necesario que nuestra Asociación
diera su versión de unos acontecimientos que forman parte
del devenir de la judicatura y concretamente de la crónica
española de los últimos años. Por otra parte, la A.P.M.
ha sido en ocasiones la gran desconocida y en otros casos,
se nos ha adjetivado y etiquetado, hasta deformar la imagen.
Durante años, se nos ha ignorado o intentado
hacer pasar por inmovilistas y hasta reaccionarios. Con
firmeza y sin ira, hemos sabido mantener nuestros principios
y los objetivos estatutarios que dieron vida y sentido
a la Asociación.
En todo ese tiempo, nuestras ideas han
sido silenciadas o motejadas de «conservadoras» (lo que
no representaría nada, si no fuera por la intencionalidad
descalificadora de oponerlas al «progreso») tan sólo porque
defendemos la figura del Juez tradicional, jurídicamente
técnico, socialmente imparcial, políticamente neutral,
económicamente suficiente, descomprometido, salvo en el
sometimiento a la Ley; un Juez servidor de los ciudadanos,
pero que no dispensa un servicio público desde la Administración,
sino que ejerce un verdadero Poder del Estado; un Juez
que no pretende modelar la Sociedad haciendo uso alternativo
del Derecho, sino que es cauce para la solución de sus
conflictos en el marco del ordenamiento jurídico; un Juez
apartidista que se reconoce humano y por ello posible
víctima de sus propias ideas personales, pero que se declara
decidido a poner todo su más íntimo esfuerzo en no dejarse
arrastrar por otras que no sean las contenidas en las
leyes como regla objetivada de convivencia social; un
Juez amparador de las libertades de los ciudadanos, de
todos los ciudadanos y de cada uno de ellos y por eso
dispuesto a arrastrar las invectivas del grupo de la mayoría,
(hasta de todos los demás) cuando entiende en conciencia
que la Ley le ordena proteger el derecho de un solo individuo,
en definitiva un Juez independiente, guardián de la dignidad
de la persona y de la libertad, que trata de realizar
la Justicia a través del Derecho.
Hemos defendido esa independencia no
como privilegio de casta, sino como derecho y garantía
de los ciudadanos a que los Jueces acierten o se equivoquen
sin presión alguna a la hora de juzgar y ejecutar lo juzgado.
Unas veces hemos tenido paciencia de ermitaño, otras energía
luchadora, en ocasiones ha sido necesaria o inevitable
la cólera ante el desafuero, pero siempre hemos procurado
mantener la prudencia de servidores públicos. Creo sinceramente
que hemos sabido defender nuestros ideales sin dogmatismo
ni desviación, dentro del decoro, la moderación, la tolerancia
y el respeto a institución y personas, guardando las maneras
propias de gentes del Derecho, en convivencia propia de
una Democracia moderna.
Hemos sostenido siempre y sostenemos
que la independencia judicial no se agota en la libertad
de todo Juez para dictar el fallo, sino que se complementa
con la garantía colectiva del gobierno autónomo del Poder
Judicial y por ello seguimos reivindicando irrenunciablemente
el derecho de los jueces españoles, como ostentadores
constitucionales del Poder Judicial -no como carrera o
grupo de funcionarios- a elegir los doce vocales judiciales
del Consejo General del Poder Judicial, contra su politización
partidista y después reclamaremos la plenitud de competencias
garantizadoras de una real y efectiva separación de Poderes.
Aunque nuestra postura sufrió incomprensiones,
que aún permanecen en parte, vemos con satisfacción y
sin arrogancia alguna, que otros compañeros y áreas de
opinión crecientes acogen nuestras tesis, unos confirman
y otros empiezan a descubrir que la Libertad y el Progreso
se alcanzan en el ámbito de la Justicia desde el servicio
de los valores defendidos por la A.P.M.
Sólo desde el asentamiento de esos valores,
es posible acometer la solución de los problemas de la
justicia, que pasan por la reforma de las Leyes -entre
ellas algunas de reciente y equivocada redacción- pero
que también discurre por las pequeñas medidas modernizadoras
de la estructura y de los usos judiciales para hacer de
una maquinaria anticuada y lenta, el instrumento eficaz
que sirva para asegurar la confianza de los ciudadanos.
A través de la descripción de nuestra
organización asociativa, se descubre que somos un apretado
y extenso grupo de trabajo colectivo y plural, en el que
tienen cabida y lugar para desarrollar libremente su actividad,
cuantos lo deseen sin más condición que la aceptación
de aquellos valores esenciales recogidos en nuestros Estatutos.
Ramón Rodríguez Arribas
Presidente