Estudios e Informes (1997 - 1999) 
Reformas Reglamentarias

UN LIBRO GRISÁCEO por José Luís REQUERO IBÁÑEZ Magistrado

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Si  alguna utilidad  tienen los “libros blancos” es que con ellos se busca describir una situación, diagnósticarla, buscar sus causas y desde ahí proponer soluciones.En definitiva, se trata de  abrir un debate.Si esto se hace con la Justicia habrá que convenir que no es una operación  desdeñable y si esa empresa es capitaneada por el Consejo General del Poder Judicial habrá que convenir que es del máximo interés.

El actual Consejo hace unos meses abrió una gran encuesta sobre la Justicia y fruto de la misma será el Libro Blanco sobre la reforma de la Justicia.Entiendo que  ese Libro tiene por vocación ser la falsilla sobre la que se encribirán los renglones de la Justicia en los próximos años.Será la gran aportación de este Consejo en sus cinco años de mandato.

Tras la lectura del último borrador de Libro Blanco la pregunta que se hace cualquier analista es si  no se puede esperar más del Consejo.Si este órgano, por su composición y la variedad de sus componentes no puede dar más de sí: es el mínimo común denominador de visiones dispares sobre la Justicia.

No se habla de “jueces y magistrados” sino de “personal judiciai”.Esta expresión se va deteriorando a lo largo del texto.Así se llega a  hablar de “personas que operan en el ámbito judicial” (pág.87)  y de ahí a “los que intervienen en la Administración de justicia” (pág.89)

Esta forma de expresarse corre paralela al regustillo  o querencia por expresiones como “operadores” jurídicos (en vez jueces y magistrados, fiscales, abogados, procuradores,etc), “talleres” (en vez de conferencias, cursos, seminarios) o “herramientas” (en vez de procesos, procedimiento, sistemas, técnicas. Todo esto da una visión  puramente administrativizada de la Justicia: se habla de “prestaciones” (como si de un coche se tratase) e, incluso, no se habla de ciudadano, justiciable o litigante sino de “administrado” (pág.78)No es casualidad que en  un Curso de Verano de la UIMP  de este año sobre “oficina” judicial se llevase a funcionarios de la Seguridad Social: como si la Seguridad Social fuese equiparable al Poder Judicial.Aunque, quien sabe,  quizás  se busquen coincidencias en las listas de espera.

Otra expresión frecuente en el  Libro Blanco es, por ejemplo, “gestión”.Los redactores del Libro Blanco han quedado prendados por todo lo que signifique gestión y de ahí saltamos a lo “gerencial”.De nuevo estamos ante la presencia de la concepción de la Justicia desde planteamientos funcionariales y burocratizantes: no se habla de Derecho procesal sino de gestión de los procedimientos, ni de gobierno interno sino de gestión organizativa.

Otras expresiones  evidencias este  regustillo por el lenguaje burocrático o pedanteburoicrático: “técnicas de auditoría”, “visitas de conocimiento”, “Inspección de calidad”, “estudios temáticos”, “herramientas de organización”, “unidades de resolución”, lo “estructural”, etc.Lo que más  sorprende es que luego se apunte la necesdidad  de que los jueces empleemos un leguaje comprensible para el ciudadano.

En definitiva  ya no se concible al juez como integrante  de un Poder del Estado que administra justicia  mediante sus snetencias desde esa autoridad a través de los procesos.¿Cual es el juez que quiere el CGPJ? Ahora se trata de un  gris funcionario que  debe pedir perdón por lo que es y por lo que hace, que debe ser consciente de que a cada paso  que de y  desde las  más variadas unidades y servicios integrados de  control, verificación, constatación, conocimiento, comprobación, auditoria  interna y externa -servicios por supuesto desburocratizados- se le van a  exigir responsabilidades por el uso que haga del aparato represor del Estado; gris funcionario, “personal judicial” que está inmerso en una “oficina”  “estructuralizada”  en “unidades operativas” desde la que se presta al “administrado” el “servicio público” de la Justicia mediante una serie de “prestaciones” que debe conocer acudiendo a “talleres” en donde se le enseñe a manejar las diversas “herramientas” para “gestionar” los procedimientos todo ello desde una óptica gerencial-desburocratizada-prestacional, pero  no dictando sentencias sino “dando respuesta” “vehiculándo” sus “productos jurisdiccionales”  en un lenguje, por supuesto, inteligible para el ciudadano.

Consideraciones generales.

No debe dejar de apuntarse que de los veinte Vocales del CGPJ, más de  la mitad o no son jueces o no han pisado o juzgado, o siendo jueces llevan años sin pisar un juzgado o dictar sentencia -alguno aun no se ha estrenado en ese menester- o  estamos ante algún miembro conocido por destrozar  aquellos juzgados en los que ha puesto sus manos o  por adoptar inciativas “gerenciales” basadas en el más puro arbitrismo, eso si, revestidas con  la orla de la progresía, bálsamo de Fierabrás que convierte la mayor de las abritrariedades en algo digno y meritorio.

El Libro Blanco parece que en lo órganico sedebe preservar el actual status quo instaurado por Ledesma y “perfeccionado” por Belloch.Ningún cambio se propone la respecto.       

Así, por ejemplo, se mantiene el  ingreso  del “personal judicial” por el fracasado sistema de turnos, nada se dice sobre los políticos metidos a jueces y que acceden a las Salas de lo Civil y Penal de los Tribunales Superiores de Justicia, nada se dice sobre  retribuciones (salvo una mención a un complemento de productividad, idea apuntada por JD), nada sobre asociaciones, nada sobre los Magistrados especialistas como fórmula de utilidad probado en  el perfeccionamiento de jueces y magistrados, nada sobre la cualificación de los inspectores y, por supuesto, nada sobre nombramientos discrecionales, nada sobre la informatización integral de la Justicia, nada sobre el CGPJ en cuanto a la forma de elección de sus Vocales, ni sobre la opinión de los jueces y magistrados acerca del CGPJ.Deben modicarse las leyes  procesales, pero la LOPJ ni tocarla:  no es extraño que todo se haga pivotar en los reglamentos existentes y en los que vendrán.

Si se advierte, en la línea del mantenimiento del status quo, pero con las lógicas variaciones provocadas por el devenir del tiempo, una  subyacente desconfianza hacia el juez:  de ahí la insistencia en  las carencias del sistema disciplianrio cuyas propuestas (en lo  adjetivo y sustantivo) son que se sanciona poco, que el ciudadano siempre tiene razón, que el juez es un pequeño o gran sinvergüenza  en potencia o en acto.

En cuanto a la inspección, aparte de lo dicho,  resulta curioso que se habla de  desburocratizar el Servicio de Inspección y se hagan unas propuestas que llevarán  una mayor compeljidad organizativa (por ejemplo, la instauración de un servicio de quejas e información, pág 79.¿lo que hizo la Carmena en Madrid?)

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